El proyecto de construir un mundo mejor

«Nuestro propósito es sencillo. Estamos aquí para construir un mundo mejor.» Imagínate viviendo en la España de postguerra. Imagínate viviendo en una sociedad herida, fracturada, que lucha por levantarse y sobrevivir.

Esta es la España en la que crecieron las fundadoras de nuestro colegio, María Vicent y María Aparicio. Dos mujeres emprendedoras, valientes y comprometidas a las que solamente movía un único sueño: construir un mundo mejor. ¿Y cómo construir un mundo mejor? Formando gente que sea capaz de hacer mejor el mundo.

La historia del Colegio Domus nace de la amistad y las convicciones de sus fundadoras, María Vicent y María Aparicio. Unidas por unos valores compartidos, dedicaron su vida a un proyecto marcado por la generosidad, la fe y el compromiso.

Durante su etapa universitaria consolidaron su vocación católica y encontraron en Don Antonio Rodilla líder del sindicato FREC (Federación Regional de Estudiantes Católicos) y a Don Eduardo Poveda, futuro arzobispo de Zamora un apoyo decisivo en los inicios del colegio.

En 1936, el estallido de la Guerra Civil cambió por completo sus vidas. Durante un año permanecieron escondidas en Castellón, en una habitación llamada “la Domus”.

La dureza de la situación las obligó después a huir y recorrer distintas ciudades hasta llegar a Zaragoza. Al terminar la guerra, regresaron a Valencia, una ciudad profundamente transformada por sus consecuencias.

Al regresar, encontraron una ciudad devastada y una infancia marcada por la guerra y la interrupción de su educación. Ante esa realidad, María Vicent y María Aparicio tomaron una decisión valiente: fundar su propio colegio.

En 1939, sin el respaldo de una orden religiosa ni de una institución pública, emprendieron este proyecto con coraje, determinación y el apoyo decisivo de Don Antonio Rodilla.

En 1939, apenas siete meses después del final de la guerra, nació la Institución Cultural Domus en el barrio de Sant Bult de Valencia.

Su nombre, lleno de significado, rinde homenaje al lugar que acogió a sus fundadoras en los momentos más difíciles. Así comenzó Domus: con recursos modestos, gran valentía y el propósito de ofrecer a la mujer una formación cristiana, humana y académica que le permitiera desarrollar plenamente su vocación y su papel en la sociedad.

Empezó el primer curso con 23 alumnas, y al final de ese año ya eran 112. El colegio avanzó, con mucho esfuerzo pero sin desviarse de su objetivo, durante una década, y en los años cincuenta se había consolidado como lugar de referencia en el panorama educativo de la ciudad.

Sin embargo, el 14 de octubre de 1.957 se produce la catástrofe de la Riuà de Valencia. Cuando las fundadoras llegaron al colegio, encontraron un cartel en la puerta que decía: «Prohibida la entrada. Ruina inminente.». Durante meses lucharon para recuperarlo y poder rehabilitarlo pero no pudieron ganar batalla y tuvieron que buscar otro lugar.

Domus se trasladó después a la calle Cuenca, en Valencia, en una etapa de crecimiento paralelo al de la ciudad. Los años 60 marcaron una de las épocas más destacadas de la institución, que celebró sus bodas de plata y consolidó su identidad.

La cercanía entre profesoras, familias y alumnas, presente desde sus inicios, siguió siendo una de sus grandes fortalezas. Más adelante, los cambios urbanísticos y demográficos de Valencia impulsaron la búsqueda de una ubicación definitiva para seguir creciendo sin límites.

Godella fue el lugar elegido para la sede definitiva de Domus: un amplio entorno donde seguir dando forma a su proyecto educativo.

En esta etapa se produjeron dos hitos clave: la transformación del colegio en centro mixto, reflejo de su capacidad de adaptación, y el relevo de sus fundadoras, que confiaron la continuidad de su obra a dos antiguas alumnas, Elvira Bendicho y Encarna Andrés.

En 1979, con el apoyo de Don Eduardo Poveda, Domus dio un paso decisivo al convertirse en Fundación.

Fue un gesto que reflejó plenamente la generosidad de sus fundadoras, que entregaron todo el patrimonio del colegio para asegurar la continuidad del proyecto. Gracias a esa decisión, su legado sigue vivo hasta hoy.

Los valores que dieron origen a Domus —la fe, la ayuda, el compañerismo, la solidaridad, la innovación y el deseo de progreso— siguen presentes hoy en la vida del colegio.

Aunque la sociedad, la educación y las personas hayan cambiado con el tiempo, permanece intacta la esencia del proyecto y el sueño de sus fundadoras. Porque en Domus lo más importante siguen siendo los alumnos: quiénes son, en quiénes llegarán a convertirse y todo lo que podrán aportar al mundo.